Sí, lo reconozco, soy una maldita maniática. Tengo rarezas, como todo el mundo y no me podéis juzgar por ello. Una de estas rarezas es que la gente ponga los dedos en mi pantalla del ordenador para señalar algo. No me gusta. Lo odio. Porque luego veo sus huellitas, su reflejo. ¿Realmente es necesario que pase su dedo por la pantalla para señalarme algo que ambos estamos viendo y/o leyendo? Y lo peor es ya cuando tienen los dedos churretosos de alguna sustancia pegajosa y aceitosa. Ahí ya no respondo de mis actos.

Otra de las cosas que me da rabia (siguiendo con la tónica de las huellitas) es que, cuando tengo las gafas puestas, alguien me diga: “Tienes algo ahí” “¿Dónde?” “En el cristal de la gafa” STOP! Ahora solo tendría dos opciones: en el cristal derecho/en el cristal izquierdo. Pues no. Sólo se le ocurre decir “espera que te lo quito yo”. ¡Pues no! Porque no es por nada pero me dejas la huella y luego la veo en el cristal, estampada como un mosquito en el parachoques de un autobús y me vuelvo loca y siento que me persigue, porque tus dedos estaban manchados de algo y no la puedo quitar con nada y entonces me las tengo que quitar y empañarlas para pasarles el trapito, que a su vez me dejará más mierda porque habrá extendido tu maldita huella al resto del cristal y cuando por fin la haya sacado de mi vida, veré las pelusitas que ha dejado el trapito y entraré en una espiral angustiosa. Así que por tu bien, no me toques las gafas.

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