Estás navegando por los archivos mensuales para enero 2010.
Hoy he ido a sacarme unas fotos de carnet y lo odio. Lo odio con todas mis ganas porque no sé qué cara poner. “Sonríe” me dice la fotógrafa y yo pienso “¿Cómo si no tengo motivos en este momento? Poneme una cara o cuéntame un chiste para que la risa no sea forzada”. Entonces, pones una sonrisa, la que según tu opinión, es la más bonita. Pero luego, cuando revelan las fotos, parece que tienes un tic en la cara, que acabas pareciéndote a Millán el de Martes y Trece.
Pero derepente, me ha dado por pensar en el fotógrafo, en esa pobre alma que hay al otro aldo de la cámara y que tiene que soportar esos caretos, esa gente que se pone seria y el fotógrafo le dice su frase mágica de “Sonría, por favor” y cuando abre la boca, enseña la piñata, el fotógrafo se arrepiente de lo dicho.
Y como si me hubiese leído la mente, cuando las he recogido me dice: “No has salido tan mal, no sabes la de caretos que salen…a veces ahsta les tenemos que pedir que mejor no sonrían” y yo me he quedado WTF?
Sí, lo reconozco, soy una maldita maniática. Tengo rarezas, como todo el mundo y no me podéis juzgar por ello. Una de estas rarezas es que la gente ponga los dedos en mi pantalla del ordenador para señalar algo. No me gusta. Lo odio. Porque luego veo sus huellitas, su reflejo. ¿Realmente es necesario que pase su dedo por la pantalla para señalarme algo que ambos estamos viendo y/o leyendo? Y lo peor es ya cuando tienen los dedos churretosos de alguna sustancia pegajosa y aceitosa. Ahí ya no respondo de mis actos.
Otra de las cosas que me da rabia (siguiendo con la tónica de las huellitas) es que, cuando tengo las gafas puestas, alguien me diga: “Tienes algo ahí” “¿Dónde?” “En el cristal de la gafa” STOP! Ahora solo tendría dos opciones: en el cristal derecho/en el cristal izquierdo. Pues no. Sólo se le ocurre decir “espera que te lo quito yo”. ¡Pues no! Porque no es por nada pero me dejas la huella y luego la veo en el cristal, estampada como un mosquito en el parachoques de un autobús y me vuelvo loca y siento que me persigue, porque tus dedos estaban manchados de algo y no la puedo quitar con nada y entonces me las tengo que quitar y empañarlas para pasarles el trapito, que a su vez me dejará más mierda porque habrá extendido tu maldita huella al resto del cristal y cuando por fin la haya sacado de mi vida, veré las pelusitas que ha dejado el trapito y entraré en una espiral angustiosa. Así que por tu bien, no me toques las gafas.
